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Las Revoluciones de Independencia en nuestra América constituyeron un hecho de tanta o mayor trascendencia histórica como lo fue la Revolución Francesa. Mientras esta última ha encarnado el fin del absolutismo, el nacimiento de las Repúblicas modernas y el reconocimiento de los derechos ciudadanos; nuestras Revoluciones de Independencia, encarnan el triunfo de los pueblos sobre los imperios y el nacimiento de todo un continente hacia la libertad y la reivindicación de su soberanía. Ambas, en consecuencia, tienen una validez universal que exige ser conocida y reconocida por el resto del mundo.
Sin embargo, la tendencia eurocéntrica que ha dominado la historia mundial, ha privilegiado a la Revolución Francesa como el hecho central de este cambio de época que se da entre las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras décadas del siglo XIX; y esto, a pesar de que las revoluciones americanas produjeron consecuencias que afectaron a una cuarta parte de la humanidad y dieron lugar al nacimiento de más de treinta Repúblicas, amén de la nunca igualada contribución al pensamiento liberador universal, que dieron a lo largo y ancho del continente, Próceres como nuestro Libertador Simón Bolívar, Francisco de Miranda, José de San Martín, José Artigas, Bernardo O'Higgins, Francisco Morazán y tantos otros más.
BICENTENARIO En esta Conmemoración del Bicentenario de nuestra Independencia, queremos subrayar la necesidad y la responsabilidad que tenemos, como país que ha sido vanguardia de todas estas luchas, de trabajar fuertemente para que el proceso de Independencia iniciado hace doscientos años, sea conocido y comprendido por el resto de los pueblos del mundo no como un evento histórico más, sino, tal como lo ha señalado nuestro Presidente Hugo Chávez, "en su profunda significación dentro de la larga lucha de los pueblos por el respeto a su dignidad, a su autodeterminación, el ejercicio pleno de su soberanía y su independencia definitiva respecto a cualquier poder imperial".

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