| Un homenaje desde la tierra amada |
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| Escrito por Enrique Álvarez |
| Martes, 30 de Septiembre de 2008 22:54 |
Kin Lalat y Tito Medina, parte imborrable de la historia de GuatemalaMe encontré a Tito y a los demás compañeros y compañeras de Kin Lalat, allá en la Nicaragua sandinista de los años ochenta, en esa ocasión tuve la oportunidad de acercarme de compartir y sentir la calidez humana del grupo, de conversar sobre las ilusiones que nos despertaba el proceso revolucionario sandinista y de vislumbrar lo que podía significar para Guatemala. Kin Lalat, para esos momentos: 1985, ya era una importante referencia sobre el arte comprometido con el proceso revolucionario guatemalteco; sus giras por el norte del Continente y Europa y muchos otros países, daban a conocer la lucha del pueblo guatemalteco por su liberación, de la forma más hermosa posible, con la música. Kin Lalat, como grupo, se impuso y asumió con gran creatividad la tarea de poner el arte al servicio del proceso revolucionario, de los enormes esfuerzos por denunciar las gravísimas violaciones a los derechos humanos que el ejército estaba realizando en Guatemala y que, en su gran mayoría, el mundo desconocía. Pero más importante aún, Kin Lalat también transmitía la inquebrantable voluntad de lucha que el pueblo de Guatemala estaba oponiendo a esas brutales agresiones. ![]() A mi retorno a Guatemala, en 1993, tuve la posibilidad de constatar, de forma directa, el gran valor que el movimiento sindical y popular de Guatemala le otorgaba a Kin Lalat, a su música, a su esfuerzo y a su combatividad. Las canciones de Kin Lalat, junto a valiosos canta autores que habían surgido en esos años de represión, eran partícipes indispensables en todo acto de protesta, de reivindicación, de conmemoración o de reunión de las fuerzas democráticas y revolucionarias en el país o fuera de él. Kin Lalat tuvo la capacidad de convertirse en parte importante de la voz del pueblo guatemalteco, con su música contribuyó a mantener y fomentar la disposición de lucha de combatientes, que en los frentes de guerra hacían espacio en sus mochilas para llevar las cintas de Kin Lalat y que en todo acto político hacían un espacio para escucharles. Para nadie es desconocido que hablar de Kin Lalat es hablar de Tito. Muchos compañeros y compañeras dieron sus valiosísimos aportes al desarrollo y la consolidación del grupo; pero todos sentíamos que el alma de ese grupo era Tito, el bigote que canta, ese querido compañero que ha sabido dedicar su vida a la música, a la canción y a interpretar los más profundos sentimientos del pueblo guatemalteco. Por todo eso, es un honor y un gran placer para mí, formar parte de este merecido homenaje para Tito, compañero y amigo entrañable, y mandarle un gran abrazo, el que hago extensivo a su querida familia, un abrazo que atraviese la Sierra Madre, que vuele a través de los Grandes Lagos y se deposite en ese querido país: Canadá, cuyo pueblo ha sabido ser tan solidario con nuestro pueblo. Fraternalmente Enrique Álvarez Incidencia Democrática |